La vida congelada, los momentos cotidianos que robamos al olvido, son sólo estaciones de paso en este incierto viaje que muchos llaman vida, otros ilusión, otros camino hacia un destino cuyo nombre no conocemos, pero cuya naturaleza última nos está vedada hasta que llegamos.
Confío en que esto vale más que la balanza inútil entre lo bueno y lo malo, más que el equilibrio inexistente entre entrarte y salirnos del mundo en un par de abrazos y tres noches. Espero no perder arte en el darte la mano. Y espero que algún día las personas banales, los robos por de-más y los coitos sin amor o por puro placer dejen de existir y evolucionen en algo menos mediocre y doloroso. Pues lo que nos duele a los humanos no es un músculo que algunos llaman corazón, sino el ego, el orgullo y el alma. Esas cosas transparentes que no se pueden medir, no se pueden cortar y tienen una voz que sin escucharse no calla y te apuñalan las sienes, el cerebro y la razón.
Después de todo no me puedo quejar. Me gustas por la adrenalina que me da estar contigo, pues pobres de los que nunca han vivido el amor sarcástico y la liberación mental que hay después de cada beso [tuyo]. Me gusta que la música me siga amansando y que a éstas horas, y pese al frío de mis dedos, me quede ilusión. Muchísima ilusión, o vida, o como lo quieras llamar. Y ganas de estar contigo también.
1 comentario:
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